El Tesoro escondido


En una ocasión, un gran rey cruzaba el desierto. Lo seguían sus ministros. De pronto, uno de los camellos se desplomó a tierra y se rompió el baúl que cargaba. Una gran cantidad de joyas, perlas preciosas y diamantes se desparramó sobre la arena. El rey dijo a sus ministros:
– “Señores, yo sigo adelante. Ustedes, si quieren, pueden quedarse aquí. Todo lo que recojan, será suyo”. Y continuó su viaje, pensando que nadie lo seguiría. Después se da cuenta de que alguien viene detrás de él. Vuelve la mirada hacia atrás y ve que es uno de sus ministros. El rey le pregunta:
– “¿ No te importan las perlas y diamantes de tu rey? Podrías ser rico toda tu vida...”
Y el ministro le dice:” – “Me importa más mi rey que todas las perlas de mi rey”.
Esta bella historia podríamos usarla perfectamente para al Evangelio de hoy, que nos ofrece el Señor para nuestra meditación: “El Reino de los cielos, nos dice, se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra aquel campo”.
Lo que nuestro Señor quiere resaltar con la parábola del tesoro escondido –y también con la otra parábola que viene a continuación, la del mercader de perlas finas, no es tanto el objeto material del tesoro escondido, sino la decisión fundamental de estos dos hombres de dejar todo para llegar a poseer ese tesoro de inmenso valor que han encontrado. “Va a vender todo lo que tiene para comprar aquel campo”. Este es el mensaje esencial de la parábola: vender todo para poder comprar todo. Ese todo es Jesús. También el ministro deja sus perlas para quedarse con lo verdaderamente importante, que es su rey.
A la luz de esta última historia comprendemos que el tesoro escondido de nuestra parábola no es algo material, sino que es Cristo mismo, nuestro Rey supremo: importa infinitamente más el Señor de las cosas que las cosas del Señor. El centro de su mensaje es su Persona. ¡Jesús es el único y verdadero tesoro de nuestro corazón!
Es el mensaje que Cristo nos da en el Evangelio de hoy: no hay marcha atrás. Hay que vender todo para comprar ese tesoro escondido. Hoy Cristo también está hablando con el mismo amor a tu alma. No le cierres tus entrañas. Escúchalo. Déjalo entrar en tu corazón y dale una respuesta pronta y generosa. No tengas miedo. Él está contigo y te da las fuerzas necesarias para responder con amor a su llamada. ¿Qué es lo que tú tienes que abandonar? ¡Vete, lleno de alegría, a vender todo lo que tienes –aquello que te impida acercarte a Cristo– y compra ese campo que esconde el maravilloso tesoro, que es Jesucristo mismo!